LA CHUCHA MÁS CALIENTE DEL MUNDO

Más leo, más dudas tengo. Antes cuando sabía menos me era más fácil opinar y decir cosas, pero ahora que ya aprendí bastante sucede lo contrario. Tal vez ese sea el defecto de los sabios y eruditos, pero también creo que hay momentos para olvidarnos de todo. Mi botella de pisco en la mesa, cigarrillos humeando; algunos posters de mujeres desnudas y uno que otro diploma adornan o afean mi cuarto. Necesitaba una chucha caliente. Lo necesitaba con urgencia porque estaba recontra arrecho. Abro mi correo y me encuentro con el mensaje de una de mis lectoras que me pedía para conocernos y ni hablar, lo más probable era que esta tuviera lo que busco, salvo sea vieja y fea, por ningún motivo iba a aceptar ninguna de las dos tres posibilidades.
Había contestado el correo citándola en la Plaza San Miguel. Se trataba de una muchacha que estudiaba cursos generales en una universidad privada de prestigio. Por lo visto estudiaba literatura, o al menos le interesaba la literatura. Cuando la vi me sorprendí porque esta era hermosa, como si las manos de Picasso no fueran suficientes y harían falta otras manos más artísticas para dibujarla y pintarla. Buenos, la examiné desde lejos para ver que tal estaba el material. Carne fresca, joven, suave, de las más caras del mercado al que las románticas cucufatas llaman <<amoor>>, con alargamiento incluido. Tenía aproximadamente diecisiete años de edad y me comentó de que ella había participado de algunos concursos de poesía y de narrativa pero que ella nunca había ganado ninguno y que si embargo había visto en varios mi nombre como ganador. Los concursos de literatura sirven para eso, para hacerte conocido y para que las chicas que perdieron te busques y te pidan consejos, puedes aprovechar para disfrutar de sus chuchas. La saludé con un besito muy a lo peruano en la cara. Esta era muy alta, tuve que ponerme de puntillas y ella agacharse un poquito para poder concretar el saludo.
― Comes helados ― le dije.
 No siempre porque luego me salen barritos.

― Entonces quieres algo de beber, de comer.

― Creo que podría ser hoy una excepción y comeré helado.

 Soy intolerante a la lactosa, pero tampoco interesa. Al fin y al cabo vivo solo y huelo mis propios pedos.
Ella dio una sonricita como que de asqueada. Comprendí que no era oportuno lanzarse peditos porque ya me había acostumbrado a hacerlo continuamente mientras caminaba por las calles de esta asquerosa Lima. Nos sentamos en la mesa de una heladería y pedimos dos tricolores e copas.
Entonces te gusta la literatura.

― Sí, aunque mis padres se han opuesto estudio esa carrera.

― Vaya, vaya. Tus padres no se darán cuenta del talento que puedes ser. 
― Mi papá es ingeniero de minas y dice que con literatura nunca se puede hacer nada en concreto.

 En concreto, tiene razón tu padre.

― ¡Pero usted es escritor! Cómo puede decir eso.

― Quién te ha mentido eso.

―   Quise conocerle porque es usted un escritor y me gusta como escribe.

 Te puede gustar lo que escribo, pero no quiere decir que yo sea un escritor.
 Entonces qué es usted.

―  Yo soy un zorro viejo y escribo lo que me llega a la mente. Y eso no me convierte en escritor.
La muchacha se estaba incomodando. Estaba quedando como un revendo estúpido. Su cabello cerquillo, sus piernas largas, sus tetas colgantes y su trasero infinito, perecían que pronto se alejarían de mí.

― Que me dice de los concursos, maestro ― comió su helado.

 Son pura mierda, como las canciones de amor recordé una canción estúpida que escuchaba de adolescente.

― ¿Cree que deba haber un compromiso entre el escritor y su entorno sociopolítico?

La muchacha sacó un cuadernito de apuntes. Yo me intimidé. 

 Yo creo que si sí porque los políticos y sociólogos son escritores y si no se comprometen con sus realidades, se por un tuvo.

― Pero usted no es comprometido en todo caso.

― Yo no he escrito nada sociológico. Me llega al huevo hacer.
Ya era de tarde. Le ofrecí llevarla a su casa pero no quiso, dijo que prefería quedarse conversando un poco más con migo, que desde hace mucho que quería hacerlo. Le di el gusto.
― Vamos a mi casa. Ahí podremos conversar más tranquilos ― hice una propuesta.
― Ya... Vamos... Pero... Si mejor no vamos... a otro...
― Depende de usted señortita ― dije y caminé. Ella me siguió.
En mi cuarto estaba mi mesa repleta de platos sucios y vasos de vidrio trillados.

 ¡Vive como un puerco! ¡Maestro, es usted un cochino!

― Vaia vaia, encontramos a una princesa muy limpia ― bromeé.
Cogió una escoba y limpió mi cuarto mientras yo descorchaba una botella de vino. Limpió la mesa, lavo los platos, dejó todo impecable. Se había sacado la chompa y ese polito blanco le quedaba fenomenal y ese jean apretadito, la hacía más hermosa. Se puso a mirar los cuadros de mi pared, los posters de mujeres desnudas mostrado la polla, mis diplomas y algunas medallas colgadas de juegos florales ganados.
 Ha ganado muchos concursos por lo visto.

― Yo imagino que sí. Pero casi todo lo gasté en putas.

― Que malcriado es usted maestro.

― Soy Tafurovsky, de ahora en adelante llámeme Tafurovsky, estoy harto de que me diga maestro.

 Está bien, Ta-fu-rovs-ky.

― Así me gusta ¿Probamos este vino? 

― Si me invita.

 Claro, como no.
Bebimos y ella empezó ya mareada a hablar de miles de sueños que tenía y uno de ellos era casarse con un escritor. Yo insistía que no soy escritor pero ella insistía que sí.
― Como tienes la chucha ― le pregunté. Se asustó y por unos segundos se quedó callada. Luego reaccionó : bien rosadita.
Entonces la abracé por la espalda. Pero era muy alta. Le di palmadas en el poto. Se agachó para besarme. Resolví que como estábamos en mi cuarto y a solas lo mejor era subirme a la silla, total que más daba. Lo hice. Ella abrió el cierre de mi pantalón y me la empezó a chupar. Luego se fue a la cama y me esperó en truza. Esta de color rosada, de las que me excitan. En la cama el partido es diferente, ya no importa la talla sino los movimientos que hagas. Ella era muy joven y no tenía casi nada experiencia comparada con migo. Entonces disfruté de su chucha, que, era cierto, tenía un color casi rosado entre esas tremendas piernas largas y blancas.
FIN
Autor: Tafurovsky-Perú.



Comentarios

  1. Leí hasta menos de la mitad, tiene hartos errores y parece que tienes problemas sicológicos, pero no creo que seas buen estudiante. Saludos

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  2. This kind of man don't deserve pussy

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  3. En este momento siento que la libertad de expresión debería estar restringida para ciertas personas.

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