RECUERDO SU PERFUME


Por:  El indecente Tafurovsky.

En una canasta llevaba ella algo que despertó mi curiosidad. Su cabello rebelde era cómplice de juegos con el viento: sus rulos parecían querer escapársele de la cabellera. Vestía una frondosa pollera, chompa tejida a mano y un chullo que abrigaba sus oídos. <<Está bien huevó, a Tafurovsky nadie le deja con la curiosidad>>, me dije y di unos pasos de tras de ella. Se dio cuenta y se escapó.



En Huancayo, cuando fui a hacer trabajos de investigación, por la noche, a esa hora en que salen las chicas más hermosas, conocí a Ritday, nombre extraño de por sí. Dijo que sus padres eran de Albania y que ella había nacido en Rusia. Ritday era de cabello lacio y peliroja, además era una tremenda caballota. Su forma de hablar era casi inentendible, sabía castellano pero de rato en rato metía su idioma y hacía dificultoso nuestra comunicación, tuve que valerme de mis cursos de fonética para escucharla bien. En fin, en realidad este curso me servía poco en este caso, pero lo usé. Eran las once de la noche y hacía un frío indescriptible es por eso que decidimos meternos a algún bar a beber algo caliente, o que nos caliente.

 ― Mozo, me trae un trago Macchu Picchu.

― Quiero igual ―intervino Ritday.

El flacuchento mozo desapareció al instante y empezamos a conversar. Esta extranjera tenía un perfume riquísimo, a una combinación de miles de orquídeas.

― Y dime, a qué has venido a mi país ―le pregunté.

― Para hacer mi tesis. En páis nos dan una bolsa de viaje para investigar.

― Ah que chevere.


Apareció el flacuchento con las dos copas de trago. Nos lo dejó en la mesa y se retiró nuevamente no sin antes hacerme un guiño y un "buena campeón". Ritday embocó su cañita y dio un sorbo. Le seguí corriente.


― En páis estamos investigando a una mujer que pensamos tiene artes maléficas y se parece en todas parte.
Me sorprendió. Yo había visto a una mujer muy extraña.

― Llevaba una canasta, ¿por siecaso?

― Cosa cualquier llevar pouede.

― yo vi a una mujer, el otro día, con una canasta colgando en su brazo. Vestía una pollera y tenía una chompa tejida a mano.

― ¿Facciones?

― Ah, claro. Cabello crespo, rostro tan blanco casi transparente. Buenos pechos, de su trasero no puedo hablar porque esa maldita pollera se la tapaba toda.

― Ser ella posible. Todas partes o mundo parece.

Me estremecí. Uno nunca sabe qué tipo de personas hay en la calle. Esta extranjera me estaba mirando raro. Se había bebido su copa y yo iba por la mitad. Brindamos, nos nivelamos y pedimos más tragos. El alcohol subió a mi cabeza. Estaba solo, mi enamorada me había terminado hace algunos meses, la verdad es que solo la extrañaba cuando tenía ganas, después no me interesaba nada.

El mozo cuenta a los policías cuando lo interrogan que vio a la extranjera sentada en mis piernas y que yo estaba muy felíz, enfatizó con una tilde en la "ÍZ" y también confesó que nos vio salir con rumbo desconocido y que yo le daba palmadas en el trasero a la extranjera y que ella tenía metida su mano dentro de mi truza. Yo solo recuerdo casi nada y que desperté relajado.

El agua estaba hecho hielo, el agua dolía palazos si querías bañarte, los caballos relinchaban, los gansos jodían de hambre y todo se oponía a que siguiera durmiendo. Vi mi celular y había llamadas perdidas. Marco los números y uno de ellos era de Ritday. Me citó para ayudarla con su investigación. Mi trabajo ya había acabado en realidad y no sé ni porqué había decidido quedarme unos días más en dicho lugar en vez de volver pronto a casa.

― Hola ―hice gestos― necesitas mi ayuda como lingüista, lo imagino.

― Sí, así. De ella rastros. Dicen que cuando camina deja huellas ―sorprendía que a veces hablaba bien en castellano y oras veces no.

― En semántica hay diferentes semas, por ejemplo, una huella representa un sema ―  empecé con un discurso académico.

― Preonto debemos ir.
Nos fuimos a diferentes lugares que ella decía. Había alquilado una movilidad privada y con un mapa nos guiaba. De pronto vi a la mujer que aquel día tenía una canasta que me pareció extraño y que me llamó la atención.

― Ella es la señora de la que te hablé ―le dije. Sacó un arma de la guantera y le disparó. No sonó, fue extraño. La señora se desplomó al suelo y dejó caer su canasta al suelo. La bala era un sedante y yo no lo sabía. La extranjera subió a la mujer al carro y dejaron la canasta tirada a un costado de la carretera. Yo bajé asustado para ayudar a la mujer y mientras revisaba aquella canasta, el carro se puso en pique y desapareció.

No podré explicar lo que sucedió. En aquella canasta había semillas de papas, una bolsa de coca, una cajetilla de cigarros INCA, una botella de anisado y una bolsita de estevia.
No sé cómo contaré todo esto a la policía porque después de que terminen de interrogar al flacuchento mozo, me lo harán a mí. Empiezo a recordar el perfume que llevaba en la piel aquella noche en Huancayo, Ritday.



FIN

San Miguel 31 de octubre del 2016

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