Rondaba por mi cabeza, de no tan adolescente, la idea de qué hacer con mi vida, qué estudiar; si era necesario ser algo en la vida o simplemente no todos hemos nacido para ser útiles en la vida, como dice Kaeroac. Había investigado, con la ayuda de mi tío Carlos, en el internet las diversas carreras que habían en las universidades y a la única conclusión a la que había llegado era que no tenía dinero para una privada; que la carrera más rentable era Ing. Civil y luego venía una escala de las carreras mejor pagadas hasta que en la última escala estaban las de letras y ciencias sociales. Ni siquiera los miramos y hicimos "clic" en ninguna pestaña relacionada a ellas.

Los puntajes para el ingreso era otro problema que debía solucionarlo con un examen de admisión donde postulaban mas de cincuenta para una vacante. Revisando vi que Investigación Operativa, en la UNMSM pedía menos puntaje y decían que tenía campo laboral que era lo más importante en aquel momento. Ni idea de a qué se dedicaban.

Una mañana saliendo del turno de trabajo a las ocho de la mañana, aguantando el sueño y dejando al personal de seguridad que me turnaba a esa hora, me fui a la UNMSM para averiguar y preguntar a alguien que fuera de esa especialidad y me explicara los cursos que llevaban.

Ingresé por la que ahora es la puerta dos y pregunté a un chico de mi edad que estaba por ahí en dónde quedaba la facultad de matemáticas y a quién podría preguntarle sobre las carreras. ÉL solamente me dijo por donde ir y cuando llegué a aquella facultad vacía y en donde una que otra persona aparecía y casi todos eran varones, busqué a alguien que me ayudaría.

Una señorita de cabello lacio y menudo me dijo que me guiaría por toda la facultad entonces yo la seguí. Ella me empezaba a hablar sobre algunos temas de política y yo me asustaba porque me habían advertido tener cuidado con las chicas "rojas". temía que ella lo fuera. Pero me hablaba del actual presidente de ese entonces que era Toledo y su gobierno. Vi sus labios delgados y rosados mojarse y que hablaba un poco más lento que al principio.

-- ¿Desea una gaseosa? -- La ofrecí.

-- No tomo gaseosa, pero una chicha natural sí acepto -- dijo. El viento se puso rebelde y trilló su lindo cabello y le dije que me llevara a donde vendían eso. Vi sus facciones delicadas, su rostro límpido y sus cejas delineadas. De pronto se sacó la chaqueta negra que llevaba puesta y pude darme cuenta que era delgada, de atributos físicos que no llamaban mucho la atención, pero que con forma de mirar o su carácter, no sé, que te dejaba estático y sin poder reaccionar por unos segundos.


-- Todo bien Marco -- me interrumpió. En aquel tiempo no tenía seudónimo ni nada por el estilo.

-- Sí, claro. Guíame por donde ir señortita --le dije y ella caminó delante. Se había echado un perfume suave y yo iba oliéndolo de lo más riquísimo. Seguimos conversando. No era alta, era mas bien de mi estatura pero en las mujeres mi estatura aquí en mi país es promedio.

No la invite chicha morada sino más bien jugo de papaya y mientras más tiempo pasábamos nos conocíamos más. Resultaba que ella postulaba a Ing. Industrial y no pudo ingresar y que ya como ultima opción había ingresado a Investigación Operativa pero que con el tiempo le estaba gustando la carrera. Suele pasar eso, me decía. La carrera es hermosa y conozco a muchos amigos. Yo le contaba que no sabía qué hacer con mi vida. Tenía en mente muchos proyectos. Ser ingeniero, tener una empresa, dedicarme al comercio pero que de ninguna manera iba a ser un fracasado. Luego hablamos de lo que era el fracaso y concluíamos que uno no es fracasado por no ser algo en la vida sino por haber tenido algún sueño y no haberlo logrado. En todo caso muchas personas no eran fracasadas, simplemente nunca habían tenido metas. Terminamos el jugo. Ya eran las doce del medio día. Ella me dijo que almorzaba en un comedor universitario y me invitó acompañarla pero cuando llegamos una cola inmensa que daba terror. Te invito almorzar en un restauran, le ofrecí y ella aceptó. Me llevó a la facultad de Química. Comimos.

Mientras bajaba la pancita nos sentamos debajo de un árbol y conversando de diferentes cosas. En realidad yo solamente la escuchaba porque no sabía que decir, no tenía tema de conversación y pensaba que ella se iría a aburrir. Me contó de que su profesor había faltado a clases y que habían profesores así, que les llega al ...(dijo una lisurita, la única en realidad). Se la vio ta dulce.

Pronto fueron las dos de la tarde y quería regresar a casa para dormir un rato porque a las siete tenía que volver a trabajar toda la noche. Le dije que ya me iba. Me preguntó dónde tomaba el carro y le dije que en la Bolognesi y ella me dijo que también. Salimos a tomar un carro fuera de la universidad pero no llegaba ninguno. Empezaba a hacer frío y volvió a ponerse el abrigo negro. Me dijo para ir caminando hasta el paradero. Le dije que ya, pero de forma mecánica luego ella se adelantó. La alcancé y caminamos un trecho de la Av Universitaria hasta llegar a la Universidad Católica. Ahí nos detuvimos como si coincidiéramos en ideas y sin decirnos nada entramos a la oficina de informes pedimos permiso para ingresar a conocer el campus.
Por dentro era muy diferente a la San Marcos, evidentemente. Más ordenado y se veía rostro que en la otra universidad muy poco. La señorita a la cual acompañaba me dijo que esta era la universidad más ranqueada. Caminamos por una aceras con piso de loza y jardines que cada planta incluso tenía un código y estaba muy cuidado. Fuimos por una facultad donde habían máquinas de mecánica. Le explicaba cómo funcionaba porque lo había aprendido en mi anterior trabajo. La veía cómoda y eso me alegraba quería decir que la estaba tratando bien. Seguimos caminando y llegamos a un lugar donde habían paredes de barro y el piso era de tierra, <> me explicó ella. Para que pueda caminar porque estaba con unos zapatos, la cogí de su delicada mano y cuando cruzamos ella no me lo soltó. Quería escapar, me sentía esposado. Pero también me gustaba la prisión. Cualquiera que nos hubiera visto pensaría que éramos enamorado. Ella cansada me pidió que descansáramos. Vimos un jardín grande y en medio una pampa, con unas turbinas y un panel solar. Nos sentamos en la yerba. Tus manos están sudando, me dijo. No dije ni una sola palabra sentí que ella me estaba jalando hacia arriba. Apenas me soltó me recosté y extendí mis brazos mirando al cielo y las nubes grises como una tarde de terror. Ella también se acostó poniendo sus cabeza en mi pecho. Ya no sentía mi cuerpo, yo era una pluma en el viento, un globo que se le escapó de las manos a un niño, la pluma de un ave llevada por el viento.

-- ...

-- ...


Hablamos con las miradas. Ella me decía algo y yo la entendía. Ella me miraba con sus ojos negros y yo me sentía estar dentro de ellos y que flotaba en el humor vítreo. No sabía si debía cogerla delicadamente del cabello y traer sus labios a los míos o simplemente no hacer nada, quedarme quieto y ser muy paciente como esperando que pase el peligro. Ella me dio un beso, de los más cortos en toda mi vida y me dijo al oído de que le parecía muy lindo. Tu de verdad eres linda pero no quiero hablar mucho porque pienses que te floreo, le dije. No nos revolcamos ni nada de esas cosas simplemente nos mirábamos como si con miradas también se dicen las cosas, sus pestañas largas se movían y tenían un significado que no comprendía pero que sí entendía. Estudié todas sus facciones. Luego, poco a poco, sentí que el globo volvía a las manos de aquel niños, que aquella pluma llegaba al suelo y empecé a sentir mis sesenta y cuatro kilogramos. Volteé y los tremendos ojos de una venada me estaban asustando. La venada andaba cerca y una ardilla dio un sato de una ramita a otra en el árbol que había a un metro de nosotros. Nos levantamos. La besé en la frente.

De la mano salimos de Católica. La señorita que nos había dejado ingresar se mostró desconcertada al vernos así cuando le devolvimos el pase y ella nos devolvió nuestro DNI. Me sentí feliz. Ella me hacía sentir así y podía explicarme nada.

Llegamos a la Av. Bolognesi y esperamos el carro. Ella subió y desde la ventana me hizo un adiós y un besito volado y chapé el beso y lo coloqué en mi pecho. Reaccioné. Ni siquiera sabía su número telefónico ni ninguna forma de contactarnos. El carro avanzó. Corrí un poco y vi que la señorita me miraba desde el espejo y de pronto derramaba lágrimas. Me cansé y el carro me dejó.

Volví algunas veces a la UNMSM y en especial di varias vueltas con un cigarro en mi boca, por la facultad de matemáticas mas nunca la volví a encontrar. Imagino que habría sido un ángel porque ese día llegué muy tarde al trabajo y no me dejaron entrar y a siguiente día me enteré de que la persona a la que la habían llamado a que me reemplace había muerto de un balazo en el cráneo, producto de una balacera.

Por: El indecente Tafurovsky.
12/05/2017

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